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¡Saliendo de la Zona de Confort!

Cuando llegó el día en que partí con la mochila en la espalda grité… ¡Por fin llegó el día de partir! (Aunque confieso haber adelantado el día de partida.
Tras haber dormido muy poco, desperté a las 6:30h de la mañana con muchísima más energía que nunca.

Tantos eran los miedos que me dejé llevar más por los temores de los demás, más que por mi intuición y lógica, ya que sobrecargué la mochila de peso y materiales innecesarios (me llevé por los 2/3 primeros días, ¡¡¡50kg!!!!
Ir y voler de Vilafranca del Penedès al Aeropuerto el Prat).
Empecé a quitar el máximo peso posible.
-Esto no cabe, esto es demasiado volumen, ¿y esto para qué lo puse?


Me puse la ropa térmica, pero  era tanto el calor, que me sentí como un pollo al horno a más 50ºC, jejejejeje…

Me despedí de mi madre (y de mi padre al día anterior ya que este día por la mañana trabajaba) con todo mi cariño y con ese sentimiento tan delicado mezclado con tristeza por el hecho de despedirse…

Cargo la mochila y me voy dirección el Aeropuerto del Prat (Barcelona), donde allí debería encontrarme con un chico para hacer la travesía.

Todo animado, inicio camino hacia Begues, con demasiados quilos en la espalda (aunque previamente hubiera sacado algo de peso).
Notaba como los dedos se apretaban y se quejaban por la presión del peso que llevaba encima. Pensé que quizás sería por llevar las uñas un poco largas; así que me dispuse a cortarlas un poco más apartandome a un lado de la carretera, bajo una lluvia que caía a cántaros encima de mi.

¿Qué nada mejor que encontrarse a un desconocido cortándose las uñas de los pies, en medio de la carretera y bajo una lluvia incesante?
(Ni quiero saber que pasaba por la cabeza de los conductores, jajajajajaja).

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Durante todo el camino a Begues, la lluvia me acompañó y el peso de la mochila me enseñó.

Los andares hacia Begues fueron muy intensos, tanto emocional como físicamente.
Me iba de mis tierras, me estaba alejando de mi gente y mi perrita “Amàlia”; la lluvia me empapaba las gafas, la ropa impermeable me hacía sudar haciéndome sentir como una medusa ( como ya sabréis, su composición es mayormente de agua).

El paisaje era precioso, la niebla espesa y los bosques que me abrazaban eran densos   y profundos.

Estaba acercándome (me faltaban alrededor de unos 15km), no resistía más. Tenía vergüenza y miedo por hacer auto-stop
Miedo a abrirme a lo desconocido, miedo a nuevas experiencias, miedo a abrirme.

Por esta razón, tantas personas dicen que abrir la mente es necesario para vivir en profundidad la vida. Sin movimiento no hay creación.
Un muy buen amigo mío, llamado Alejandro me dijo:
-Ser loco no significa estar mal de la cabeza; es pensamiento en movimiento-.
¡Y es cierto, así es!

· “Loco” en latín significa movimiento.
Ejemplo, locomotora ¿sabéis que significa verdad? Motor en movimiento.
Espero que comprendais el sentido de estas palabras, para así poder percibir el mundo desde una perspectiva más amplia.

Así como, los pies no resistían más, me dispuse hacer auto-stop, en medio de la lluvia y estaba empapado tanto interior como exteriormente.
Nadie me paraba, solo miraban y seguían adelante…
Eso me desmotivó bastante.
Es normal, me olvidé de otro factor importante,
¡el cartelito con la dirección hacia donde iba!

¡Ayuda mucho, os aconsejo que busquéis siempre cartones y preguntéis en tiendas en el caso de no encontrar!

Por suerte un chico de Polonia estaba trabajando en esa misma ruta. Era un camionero, y ya llevaba 2 meses viajando para llegar hasta Begues. El hombre no sabía ni como llegar y el camino se le hacía eterno.
Me decía con cara de preocupación:¡Mucha carretera! ¡Mucha curva! ¡Y pueblo no! ¡¿Dónde está?! ¡¿Donde?!
(El hombre estaba desesperado, al igual que yo…).

Al inicio pensaba que me iba a robar o secuestrar…

Le acompañé hasta Begues y dejar la mercancía en la fábrica correspondiente y desde la zona industrial andé unos 15/25 minutos hasta llegar al centro. Pregunté por albergue, por cáritas, etc. ¡Pero nada! Así que cogí los 50 kilos de nuevo y a seguir el camino hacia el aeropuerto.

Tras andar unos kilómetros de más, pregunté a un hombre que estaba reciclando, y aunque le prejuzgué por vestir de marca, éste resultó ser un antiguo peregrino y un gran aficionado en trekking.

Suerte de este hombre. Gracias a él supe donde pasar la noche.
¡Al lado de una ermita en la Naturaleza!
Rodeado de figuras eclesiásticas…
¡Y cuantas alucinaciones se me pasaron por la cabeza!

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Al lado de la ermita, pude plantar la tienda por toda la noche.

Al día siguiente proseguí con el camino hacia el aeropuerto. Me pude recuperar de energía y salud.
Ese lugar me ayudó a curarme las ampollas que me estaban saliendo a menudo en los pies.
Fueron 35 kilómetros más a pie (no me atrevía a hacer auto-stop, de nuevo caí en la trampa de los prejuicios).
Los coches pasaban cerca de mí, unos coches me pitaban al grito de “¡Buen Viaje”, un motorista reduce velocidad hasta estar a mi lado, me sonríe y me levanta la mano en señal de suerte…

Todo era muy gratificante, tanto que el dolor y el peso se hacía cada vez más liviano.

Crucé carreteras anchas, me encontré con una serpiente muerta al lado de una de las carreteras y cada vez que me acercaba al destino principal, cada vez podía oír con más intensidad el sonido de los aviones despegar…

¡Aquello era pura emoción de gratitud y satisfacción!
¡Jordi, lo consigues, lo conseguirás, lo has conseguido!
¡Garrote!

Al lado de la carretera y tras llenar la barriga de comida previamente comprada y casi toda una cantimplora de agua, proseguí a continuar el camino hasta el aeropuerto (a 1 hora de distancia).

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Camino hacia el Aeropuerto del Prat (Barcelona) desde el pueblo de Begues.

Al llegar en el aeropuerto, noté como todos los ojos se dirigían a mi persona.
Es normal…

¡Quién no se fijaría a un ser pequeñito de 1.65m con una mochila grande sobre él! ¡Incluso yo me quedaría mirándolo!

Allí conocí muchísimas personas interesadas en mi viaje, personas interesadas en cómo lo vivo y lo que siento…

Una chica de Andorra se acercó a mi pidiendo si tenía fuego. Esta chica estuvo de viaje a las fueras, todo le fué genial. Pero solo de llegar a Barcelona le robaron todo lo personal (D.N.I, cartera y dinero, los cigarritos, etc).
Tenemos de encontrarnos con peligros fuera de nuestro país, y donde tenemos más problemas suele ser en este mismo.

Otra de Bulgaria me comentó sobre donde iba y que también estuvo trabajando en Vilafranca del Penedès, otro chico de Italia, otro de Azerbaiyán (aunque con este la conversación fué de lo más gracioso. Hablando español, inglés y ruso.

¡Hay que ver menudo lío!

Me daba cuenta que muchos/as turistas me observaban atraídos por mi aspecto (algo no tan elegante como iban muchos)…

A las 00:30h p.m (tras varias horas esperando solo y paseando arriba y abajo, con los pies destrozados) llegó el chico de Gran Canarias. Y aunque este no haya continuado este camino junto a mi, he sentido que le tenía que incorporar en esta historia.

Si no fuera por la excusa de que le tenía que ir a buscar, el inicio de mi camino se hubiera visto gravemente afectado.

Así que me lo tomé como primer período de prueba antes de dirigirme hacia el Sur de España.

¡¡¡MIEDOS SUPERADOS!!!

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